¿Qué es el efecto Bandwagon? ¿Y el efecto Underdog?

¿Qué es el efecto Bandwagon? ¿Y el efecto Underdog?

¿Alguna vez os habéis preguntado la razón por la cual algunas personas imitan el comportamiento, acciones o palabras de otras, y no solo imitándolas, sino que también creen en ciertos testimonios o dichos simplemente porque otras personas creen en el mismo? Hoy escribo sobre este tema que no es magia sino un efecto testado al igual que el efecto Pigmalión.

¿Qué es el efecto Bandwagon? ¿Y el efecto Underdog?

Tanto el efecto Bandwagon (del inglés, carro de la banda, también conocido como efecto arrastre o efecto de moda) como su contrario, el efecto underdog, son términos usados principalmente en comunicación política y en ciencias de la opinión pública que hacen referencia al cambio en la intención de voto como consecuencia de un clima general que designa claramente vencedor a un candidato frente a otro. Al igual que ocurre con el efecto Pigmaliónestas alteraciones de la mente, producen que muchas veces pensemos que estamos eligiendo cuando en realidad nos vemos sesgados por el entorno y condiciones culturales.

El efecto Bandwagon empezó a usarse en la campaña de Zachary Tailor, 12º presidente de los EEUU. En aquellas fechas Dan Rice, un payaso de circo, utilizó su bandwagon para atraer la atención de las personas en la campaña política de Zachary; en la misma medida en que la campaña aumentaba su fama, cada vez más políticos aspiraban a sentarse en aquel bandwagon, en la espera de asociarse al éxito. Para el año 1900 ya los bandwagon se habían convertido en un icono de las campañas presidenciales y se había popularizado la frase: “subirse al carro”, en su sentido más peyorativo. Durante la campaña de Abraham Lincon, 16º presidente de los EEUU, con el paso de la caravana presidencial por los Estados del Norte, eran muchos los que invitaban a unirse a la fiesta, o seguir la música, del claro favorito, en este caso, el célebre presidente que aboliría la esclavitud en los EE.UU.

El Efecto Bandwagon nos afirma que casi todo es una cuestión de números, mientras más personas asuman un comportamiento o una creencia, existirán mayores probabilidades de que otras personas se añadan a esta “nueva moda”. No obstante, no todo se reduce a los números, también es esencial la percepción de satisfacción, éxito o disfrute; evidentemente, si observamos que las personas no disfrutan u obtienen beneficios con sus creencias o comportamientos, difícilmente nos sumaremos a su modo de actuar.

El efecto underdog toma el sentido contrario, bebiendo del sentimiento típico en el ser humano de situarse del lado del más débil. Así, la intención de voto se modificaría al sentir, sociológicamente, una parte de la población simpatía por las causas perdidas. Cuando el underdog vence al favorito, el resultado se llama upset (victoria sorpresa, batacazo)

Resumiendo, el efecto Bandwagon se concretaría en todos aquellos que ven la causa ganadora y triunfalista como la suya propia y, al contrario, ocasiones en que el total convencimiento de una derrota segura provoca un cauce masivo de votos hacia el supuesto perdedor.

Ambos efectos pueden traducirse en tácticas electorales representadas por las publicaciones de encuestas, llegando incluso a falsear o exagerar los resultados de las mismas. Dos casos muy recientes son el surgimiento y crecimiento en las encuestas de Podemos en 2015, 2016 y de Ciudadanos en 2018 que produce un efecto “arrastre” o de “subirse al carro”.
Un juego de declaraciones, el buen uso de los medios de comunicación o una inteligente presentación de un candidato como nuevo “it boy” del momento, tal y como sucedió con Obama en su proceso de primarias, son claves que los estrategas manejan con mayor o menor acierto. En el caso del underdog, llega a ser incluso positivo, en definitiva, presentarte a ti mismo como un seguro vencido en un determinado momento de la campaña.
El efecto pigmalión

El efecto pigmalión

El efecto pigmalión es un suceso que describe como la creencia que tiene una persona sobre otra puede influir en el rendimiento de esta última. Es decir, existe una relación directa entre las expectativas que hay sobre un sujeto y el rendimiento que se obtiene sobre éste.

El efecto Pigmalión es un término que utilizó el psicólogo social Robert Rosenthal a raíz de unos experimentos realizados en 1965 para referirse al fenómeno mediante el cual las expectativas y creencias de una persona influyen en el rendimiento de otra.

Rosenthal bautizó este efecto con el nombre del mito griego Pigmalión. Pigmalión era un escultor que vivía en la isla de Creta y que se enamoró de una estatua que él mismo había creado: Galatea. Tan fuertes eran sus sentimientos por ella que pidió a los dioses que la convirtieran en una mujer de carne y hueso para poder amarla como una a una mujer real y Afrodita le concedió su deseo.

También conocido como la profecía autocumplida, la esencia del efecto Pigmalión, consiste en cómo las altas expectativas de alguien en relación a otra persona dan como resultado un alto rendimiento en esta última, o en cómo unas expectativas bajas influyen en el otro de manera negativa, afectando a su rendimiento. Cuando estas expectativas, ya sean altas o bajas, proceden de un individuo hacia sí mismo el fenómenos se conoce como efecto Galatea. 

Así, el proceso clave que subyace tanto al efecto Pigmalión como al efecto Galatea es el poder de las expectativas y cómo estas influyen en las conductas y rendimientos, tanto de los demás como de nosotros mismos. Por lo que si tenemos en cuenta estos efectos, nuestras creencias son más importante de lo que pensamos.

osenthal y Jacobson fueron quienes estudiaron este efecto. En los años sesenta realizaron un pequeño experimento en una escuela californiana. El estudio consiste en dar información falsa a los profesores acerca de la capacidad intelectual de algunos de sus alumnos.

A los profesores se les dijo que se había realizado un test de inteligencia de sus alumnos, y que se había comprobado que una serie de estudiantes tenían un gran coeficiente intelectual. En realidad, los alumnos habían sido escogidos al azar, sin relación alguna con el resultado del test. El estudio, que tomaba a los profesores como cobayas del experimento, estaba designado para comprobar si aquellos alumnos respecto a los que los profesores tenían mayores expectativas terminarían mostrando un mayor crecimiento intelectual que el resto de los alumnos del grupo cuando se les evaluase posteriormente.

Al final del experimento, algunos de los estudiantes de los que se tenía la expectativa que eran mas capacitados, mostraron unos resultados en los test de inteligencia superiores a los que se hubiese esperado de ellos sin la intervención realizada, y las notas obtenidas en los test fueron superiores a los de otros estudiantes de capacidades similares.

Estos resultados llevaron a los investigadores a concluir que las expectativas infladas que los profesores tenían sobre determinados estudiantes, y muy probablemente el comportamiento que tuvieron con ellos posteriormente para acompañar estas expectativas, fueron la causa de que los estudiantes experimentaran un crecimiento intelectual acelerado.

¿Cómo sacar el máximo partido del efecto Pigmalión en la empresa?

Es fundamental que los responsables de equipos de trabajo hagan un ejercicio de autoexploración. Es lo que que les permitirá descubrir cuáles son las expectativas reales que tienen hacia cada integrante de su equipo y por qué. En este sentido habría que analizar la realidad, aunque no sea exactamente como nos hubiera gustado.

A partir de ahí es vital cambiar el modo de expresarse y de formular las afirmaciones, preguntas y comentarios, así como la actitud, la forma de mirar y el tono de voz al hablar para decir lo que queremos transmitir. En este sentido, reconocer cada miembro de equipo por lo que es, cuáles son sus habilidades y todo lo que tiene de positivo ayuda a acompañarlo y a que se sienta acompañado y sobre todo, a que mejore su autoestima y su actitud ante la vida.

 

El uso de la metáfora en el discurso político

El uso de la metáfora en el discurso político

Como recurso de carácter semántico, la metáfora es utilizada en la construcción del cualquier tipo de discurso incluyendo, por supuesto al discurso político. En consecuencia, intervienen en la delimitación de su sentido. Por ejemplo, cuando Pablo Iglesias dice que “Cuando a los de Ciudadanos les dicen que los de Podemos pueden estar en un gobierno con ellos, es como si a un vampiro le enseñas un crucifijo” deja claro la imposibilidad de pacto de gobierno entre ambas formaciones y, además, de una manera muy astuta diferenciando muy claramente entre los “malos” (Vampiros-Ciudadanos) y los “buenos salvadores” (crucifijo-Podemos). Metáfora que no deja de ser curiosa desde el momento en que Pablo no es que sea muy cristiano que yo sepa.

Todos utilizamos metáforas cotidianamente. Nos ayudan a explicar las experiencias humanas y a que las personas que nos escuchan las comprendan más fácilmente. Las imágenes esquemáticas que nos permiten crear las metáforas en nuestro cerebro facilitan que estructuremos e interioricemos de manera sencilla el mensaje.

Para el campo de la comunicación política esa manera sencilla y práctica de estructurar el mensaje y enmarcarlo en el sentido que se quiere dar a los ciudadanos es un chollo. No solo se utilizan por “economía lingüística”, sino principalmente como herramientas para comprender el mundo que nos rodea.

En los discursos, en los eslóganes, incluso en debates es común escuchar a los políticos hablar con expresiones metafóricas mucho más de lo que pensamos. En este proceso de estructurar un término en concepto de otro, la política cuenta con varias de estas expresiones.

Una de las más utilizadas es la noción de que la política es una BATALLA; frases como “tal partido venció al otro”, “la política presta servicio a la sociedad” o “vamos a luchar hasta ganar esta batalla” son, definitivamente, expresiones que aluden a una guerra donde los políticos son los combatientes y la política es el campo de batalla.

Otra metáfora muy escuchada son las ligadas a las ENFERMEDADES cuando se origina un inconveniente. Muchos políticos o profesionales de la política hablan sobre un problema como si éste fuera una enfermedad: “el estado de la nación se encuentra en pronóstico reservado”, o “el estado está cerrando las heridas de gobiernos anteriores”.

También, es recurrente escuchar hablar de la política como un JUEGO, donde existe una competencia: “Las reglas del juego”, “se está jugando la última carta” o “el estado está moviendo las últimas piezas para ganar la jugada”.

Las metáforas con fines estratégicos

Las metáforas con fines estratégicos o relacionales se emplean para reforzar la cohesión grupal de los integrantes de un actor colectivo (partido político, movimiento social). Chilton e Ilyin (1993: 10) hablan de metáforas que cumplen una función interaccional, que permiten crear un marco común de trabajo o mantener la cohesión grupal. Se utilizan etiquetas lingüísticas para conseguir la adhesión ciudadana a las posiciones del actor enunciador (Sabucedo, Grossi y Fernández, 1998: 177).

Un ejemplo que me encanta es el de Alberto Garzón y sus metáforas utilizada en twitter durante la campaña del mes de junio de 2016.

Alberto Garzón comparte una imagen en un bar de Zaragoza, tras haber tomado un pincho de tortilla y utilizando el hashtag #TuppersConCorazón.

Desde la cuenta de Izquierda Unida en Twitter, el 16 de junio de 2016 (día de lanzamiento de esta acción) se compartieron tuits con mensajes como:

“¿Hay algo más transversal que beber cerveza? Pues sí: comer de tupper. ¡Llenemos Twitter de#TuppersConCorazón!”

“¡Fiambreras obreras, dignidad proletaria! #TuppersConCorazón”

Esta idea, además de humanizar al líder del partido en una expresión de cotidianidad, pertenecía a una acción estratégica del equipo de redes sociales que perseguía la participación de los seguidores, que compartieron imágenes de sus propias fiambreras en la red social, relacionando de esta manera la teatralización compartida como experiencia online entre actuante y seguidores con una manera sencilla y gráfica de mostrar de manera política las diferencias sociales en la cobertura de una de las necesidades básicas –la comida- de las personas.

¡Sencillamente genial utilización de las metáforas unidas a una teatralización de la vida cotidiana del líder de IU en época de Campaña Electoral!

Conclusión

Utilizadas por gobiernos, partidos, movimientos sociales y medios de comunicación, las metáforas, no solo canalizan las propuestas políticas, sino que también contribuyen a su estructuración discursiva y a su eficacia persuasiva.

No solo se utilizan por “economía lingüística”, sino principalmente como herramientas para comprender el mundo que nos rodea.

Social Business

Social Business

Social Business es el conjunto de procedimientos generadores de rentabilidad basado en las características colaborativas de los medios sociales.

¿Es el momento del Social Business?

Las empresas y los negocios ya no se pueden entender como hace 20 años. Hoy más que nunca, el éxito de nuestras empresas y proyectos depende del talento de las personas que trabajan en nuestro equipo así como de su grado de compromiso con el proyecto en el que participan y aportan valor.

El Social Business concibe el negocio empresarial como algo diferente del tradicional:

  • Concibe las redes entre personas como una manera de crear valor
  • Adopta la tecnología para potenciar las relaciones entre empleados, clientes y colaboradores
  • Mejora los procesos y métodos de negocio a través de la visión y la interacción social
  • Integra actividades que usan datos de negocio y datos sociales
  • Integra mejor el conocimiento colectivo para acelerar la toma de decisiones, fortalecer los procesos de negocio e incrementar la verdadera innovació

Sin embargo al hablar de redes sociales, mucha gente piensa en ocio y a los responsables tomar la decisión de implantarlas en la empresa, les preocupa que su uso acabe afectando a la productividad. Aunque Facebook, Instagram, o incluso Twitter… amenizan nuestro tiempo libre, la realidad es que las herramientas sociales son mucho más, y precisamente despliegan todo su potencial si las utilizamos -y las sabemos utilizar- a nivel interno. Todo un mundo por explorar en comunicación y gestión interna.

Eso sí, a la hora de implantar tecnologías sociales dentro de nuestra empresa, debemos definirlas como herramientas de trabajo , en las que se habla y se publica/comparte información sobre cuestiones relacionadas con la empresa o negocio (productos, marketing, mercados…). Los mensajes más informales no deben estar prohibidos, pues precisamente esa interacción informal entre los empleados en las redes sociales hace que fluya una constante comunicación entre departamentos; eso sí, primero hay que establecer unas reglas de uso bien definidas.

Al final todo acaba mezclándose porque la mayoría de cuestiones de nuestra esfera personal acaban de alguna manera relacionándose con nuestra esfera más profesional.

Por qué convertirnos en Social Business

¿Hasta qué punto necesitamos tecnologías sociales en nuestra empresa? Que levante la mano quien no esté de acuerdo con estos puntos:

  • Como profesionales gastamos gran parte de nuestras jornadas laborales buscando, filtrando y procesando información
  • Somos conscientes de que muchos de los procesos que se realizan en nuestra empresa nos hacen perder tiempo porque no son eficientes
  • Tomamos decisiones erróneas debido a la falta de información de calidad
  • Pensamos que podríamos reestructurar nuestro trabajo de una manera mucho más eficaz

Podemos quejarnos a diario y seguir sin buscar solución argumentando que toda la vida los negocios se han gestionado así, pero precisamente los negocios dirigidos por personas con pensamientos “de toda la vida” van desfilando por el sendero de la desaparición.

Si los medios sociales nos ayudan a gestionarnos mejor a unos costes muy bajos, es de sentido común que empecemos a utilizarlos para hacer que todo sea mucho más fácil y efectivo.

10 consejos para tener éxito en el debate electoral

10 consejos para tener éxito en el debate electoral

No tod@s los políticos en su carrera electoral vais a tener la oportunidad de participar en un debate electoral pero aquí van unos consejos por si surgiera. Mis 10 consejos para tener éxito en el debate electoral que quiero compartir contigo son:

1. Prepara, prepara, prepara.

La primera fase del debate es el predebate, en el que se negocian los formatos y las reglas del cara a cara. Debes conocer al detalle cómo se desarrollará el debate, los tiempos, los turnos, la escenografía, los temas a tratar, etc. Por ello, la preparación y el ensayo es importante, ya que en la medida en que te se sientas cómodo con tu discurso, tus argumentos y todos los elementos externos, serás capaz de transmitir mayor seguridad y tu discurso calará. Prepárate, prepárate, prepárate…

2. Conoce a tus oponentes.

Trabaja con tu equipo de campaña el conocimiento de los puntos fuertes y puntos débiles del resto de intervinientes en el debate, su estilo como orador, sus trucos, sus mensajes, etc. Las grandes batallas se ganan antes de llegar al terreno de juego, por lo que un buen archivo audiovisual con intervenciones de los oponentes puede ser un gran aliado para preparar un debate.

3. Define tu estrategia.

Una vez estudiado a fondo el formato del debate y los oponentes, debes establecer con tu equipo la estrategia que vas a seguir en el debate. La mejor improvisación está perfectamente preparada, por lo que debes tener claro el timing y estrategias ante posibles escenarios que puedan darse durante el debate, con una hoja de ruta sobre qué, cómo y cuándo decirlo.

4. Condensa tu mensaje. Sé concret@ y clar@

Uno de los mayores problemas de los políticos suele ser el intentar contar todo pero el tiempo es limitado. Menos es más. Siempre debe primar la calidad frente a la cantidad de información.

5. No aburrir.

Las personas que acudan/escuchen/visualicen el debate, generalmente lo hacen para tomar una decisión presente o futura ante tus argumentos. Por tanto, es clave que conectes con la gente a través de las emociones y, guste o no, los mejores oradores de la política a lo largo de la historia eran muy conscientes de este punto. Ronald Reagan, Bill Clinton, Obama o John F. Kennedy conocían muy bien el poder de las emociones para llegar al público.

6. Da buenos titulares (y tuits).

El debate será seguido por una determinada audiencia pero la gran mayoría de los ciudadanos se hará una idea de lo que se ha dicho (y quién ha ganado) por lo que se comente en las redes sociales y por lo que lea en los periódicos, oiga en la radio o, en su caso, vea en la televisión al día siguiente. Por ello, la clave es ofrecer buenos titulares, complementados con ejemplos y anécdotas. Ayudarás a twiter@s y periodistas a realizar su labor.

7. Prepara tu apertura y tu cierre.

La apertura y el cierre son normalmente los momentos de mayor interés en el debate y, por tanto, debes prepararlos con esmero. Cómo quieres comenzar, qué tono quieres marcar y qué último mensaje quieres transmitir en el cierre para que los votantes confíen en ti y en tu propuesta, son clave para un buen debate.

8. Vístete para que nadie hable de tu atuendo.

Aunque a los medios de comunicación le encanta este asunto, las corbatas, los trajes y los peinados no ganan debates. El público se quedará con una impresión general sobre ti: si transmites confianza, firmeza, enfado, humor, empatía, tibieza, confianza, etc. Esa impresión es el cúmulo de muchos elementos y la apariencia externa es uno más. La clave es que el atuendo y los complementos pasen lo más desapercibidos posible y que no empañen lo esencial: el mensaje.

9. Vigila tu lenguaje corporal.

Tan importante es lo que se dice, como la manera de decirlo. Los gestos, la mirada y la voz comunican tanto como las palabras, así que es importante que el lenguaje corporal acompañe y refuerce tu mensaje. La clave está en la naturalidad y corregir los tics más molestos. Las cámaras siempre desmontan lo artificial y agradecen la sinceridad.

10. Coordina a tu equipo para el postdebate.

Las tres fases del debate son: predebate, debate y postdebate. El trabajo no termina cuando nos marchamos a casa. Hoy en día, cuando el ciclo informativo dura 24 horas y hay una conversación constante a través de las redes sociales, debes contar con un buen equipo capaz de transmitir un mensaje coordinado sobre qué ha pasado en el debate. Los medios de comunicación y las redes suelen ser los jueces que determinan quién gana y quién pierde, por lo que la labor de influencia sobre los jueces forma parte de la liturgia del postdebate.

¡Buena suerte!!!