La Escuela Popular Paulo Freire, ¿un claro ejemplo de activismo?

La semana pasada compartía un artículo diferenciando la militancia del activismo, destacando la importancia que tendría este último de cara a las elecciones venideras. Pues bien, a finales del mes de febrero Podemos hacía la presentación oficial de un movimiento activista: el lanzamiento de la escuela por la necesidad de contar con herramientas “para poder profundizar en la construcción del movimiento popular”. Esto es, dotar de “habilidades para dinamizar conocimientos compartidos”, compartir experiencias de luchas históricas y “construir conocimiento de forma compartida”. Todo ello siguiendo la pedagogía de Paulo Freire, que definió como una educación liberadora, “para convertirnos en sujeto colectivo y ser dueños de uno mismo”. Siempre con la finalidad de buscar soluciones a las problemáticas sociales actuales.

Paulo Freire (1921-1997) fue uno de los mayores y más significativos pedagogos del siglo XX. Con su principio del diálogo, enseñó un nuevo camino para la relación entre profesores y alumnos. Sus ideas influenciaron e influencian los procesos democráticos por todo el mundo. Fue el pedagogo de los oprimidos y en su trabajo transmitió la pedagogía de la esperanza. Influyó en las nuevas ideas liberadoras en América Latina y en la teología de la liberación, en las renovaciones pedagógicas europeas y africanas, y su figura es referente constante en la política liberadora y en a educación. Fue emigrante  y exilado por razones políticas por causa de las dictaduras.

“Nadie libera a nadie, nadie se libera solo. Los seres humanos se liberan en comunión”. La cita es del pedagogo Paulo Freire y condensa la filosofía de la escuela de formación popular creada por Podemos. Tiene como objetivo crear “facilitadores sociales” y “comunicadores populares” para impulsar movilizaciones sociales en un contexto que desde la formación ya definen como “primavera caliente” en las calles. La lucha por las pensiones dignas, la huelga feminista, las movilizaciones contra la precariedad, el movimiento por el acceso a la vivienda o las anunciadas marchas de la marea por la renta básica son algunos de los ejes de conflicto que marcan un apretado calendario de protestas sociales.

La Escuela Popular Paulo Freire será así la pata pedagógica con la que Podemos tratará de contribuir a relanzar la calle, formando a activistas y proporcionando herramientas encaminadas tanto al empoderamiento como a la creación de discursos y relatos que compitan en la agenda política.

En mi opinión, la idea, aun considerándola buena, se separa del activismo puro al no tratarse de un movimiento natural y espontáneo como por ejemplo el 15M. El activismo de laboratorio tiene muchas ventajas como son el control claro por parte del partido pero pierde la esencia de naturalidad del activismo puro.

Le deseo lo mejor a la iniciativa pero me hubiera gustado que su surgimiento viniera de las bases hacia arriba y no de la cúpula hacia abajo. Veremos.

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