¿Eres un buen comunicador?

Los seres humanos somos comunicadores innatos, inclusive una mirada, una acentuación de nuestras cejas puede decir muchas cosas, tanto así que podría negar lo que queremos comunicar, a esto se le conoce como mensajes cinéticos.

Pero, ¿Cómo sabemos si somos buenos comunicadores? Hay que entender que el proceso de la comunicación parte desde un emisor que da un mensaje, la codificación es la manera en la cual organizamos nuestras ideas para transmitir el mensaje. El canal es como se emite, ya sea verbal, escrito, con gráficos, etc. La decodificación es por parte del receptor quien interpreta el mensaje que entiende, se le está transmitiendo. La retroalimentación permite al receptor responder ante el mensaje reiniciando nuevamente el proceso.

Partiendo de estos conceptos, para ser un buen comunicador es sumamente importante conocer quien será nuestro receptor, ya que un mismo mensaje no puede ser codificado para distintos oyentes de la misma manera. Por ejemplo, el lenguaje que se utiliza en las comunidades médicas no podría ser entendido por un receptor que no ha sido formado de esta manera.

El error surge cuando no se entiende esto y se quiere transmitir un mismo mensaje para todos, sin adecuarlo al público al que va dirigido. Es como si se quisiera enseñar en las escuelas hispanas la obra de Hamlet de Shakespeare en su inglés original, pero si fuera un curso de inglés sería apropiado y aun así habría que tener en cuenta que si se utiliza el texto original contiene palabras que no son entendibles porque pertenecen al inglés antiguo.

Además, el canal por el que se emite el mensaje también será de suma importancia para que se entienda. Por ejemplo, una empresa decide hacer una reestructuración de sus horarios de trabajo y lo comunica por correo electrónico, y también en sus periódicos murales. ¿Qué sucede? Ocurre que a nadie se le ocurrió saber si se entendió o no el mensaje y aparece ahí una forma alternativa de la comunicación que en este caso es informal, el rumor, que tiene tres características, no están controlados por la administración, los trabajadores los perciben como creíbles y más confiables que los comunicados formales y son utilizados para servir a los intereses de las personas involucradas. Volviendo al ejemplo, Los trabajadores comienzan a pensar que el mensaje no dicho u oculto, también conocido como metacomunicación, del cambio de horario es que la empresa está en crisis y por eso está reorganizando los horarios, si esta información inclusive fuera comentada por los trabajadores a sus familias, reenviarían el correo a otras personas, podría generar una crisis a la empresa cuya imagen decaería. En caso de cambios que afectan a muchas personas lo mejor es comunicarlo directamente en reuniones en donde se garantice que haya retroalimentación.

Para asegurarnos de ser buenos comunicadores, también debemos de entender que todo proceso puede verse afectado por el ruido, que viene a ser los obstáculos en el intercambio de mensajes. Hacer una reunión en un lugar donde hay otras reuniones, o con interferencia de celulares, que los oyentes tengan algún problema físico como sordera o estén enfermos y no puedan entender el mensajes. O que el público ya este predispuesto a no querer recibir el mensaje por problemas previos.

En resumen, si no conocemos a nuestro público, no seremos buenos comunicadores, el mensaje es para ellos, por lo que hay que tener en claro, como lo recibirán y de esta manera, se pueda mejorar significativamente el ambiente de trabajo y el clima laboral.

Fuentes:

  • Adler B y Marquardt J. (2005) Comunicación Organizacional: Principios y Prácticas para Negocios y Profesiones. Mexico: McGraw Hill
  • Robbins S. y Judge T. (2009) Comportamiento Organizacional. México: Pearson Educación.
  • Himstreet W. y Baty W. (2003) Comunicación Escrita. Lima: El Comercio Ediciones.

Deja un comentario