¡Cuidado con los jefes andarines!

El éxito o el fracaso de una organización empresarial depende en buena medida de sus la personas que la componen y aportan valor. Entre las cualidades que más buscan los departamentos de recursos humanos en estas personas destaca la capacidad para trabajar en equipo, conocimientos técnicos, experiencia, personalidad,… y en el caso concreto de los mandos, que tengan capacidad para transmitir conocimientos, saber delegar o sacar lo mejor de los integrantes de su equipo.

En el caso concreto de las capacidades ideales para mandos, dichas competencias no siempre son poseídas, al contrario de lo que comúnmente se piensa, por las personas más trabajadoras, entregadas, diligentes y fieles a la identidad corporativa o a sus superiores, según apunta el experto enmanagement Shane Parrish. Sahne defiende que los trabajadores más capacitados para ascender a jefes son aquellos que, además de inteligentes, son también vagos.

En mi opinión, yo no los definiría como vagos, sino como eficientes. Los jefes “eficienteligentes” son capaces de optimizar su tiempo y de conseguir que sus equipos hagan lo mismo. En definitiva, son una apuesta segura si lo que se quiere es aumentar la productividad. Perder el tiempo es algo que no va con ellos, por lo que nunca convocarán reuniones inútiles o prolongarán tareas improductivas. Saben qué es y qué no es prioritario y hacen que la personas que integran sus equipos se centren en las cuestiones clave.

Sin embargo hay muchos jefes que confunden el término “eficienteligentes” con “andarines”. Los jefes andarines son vendedores de humo. Confunden el término delegar por “soltar marrones”, no asumen responsabilidades, adquieren compromisos con sus superiores sin conocer en detalle las implicaciones (carga de trabajo, tiempo de desarrollo…) que va a tener su compromiso y cuando llegan a su departamento “lo sueltan” a su equipo sin escuchar las opiniones de su equipo y considerando los “pero” de alguno del grupo como amenaza y no como una crítica constructiva que tras debatirse concluya como resultado en una idea mejorada respecto a la inicial.

Suelen ser jefes muy agradables en el trato, que evitan entrar en el debate, verdaderos relaciones públicas en el seno de la empresa y como he comentado antes, “vendedores de humo” que dicen a cada persona lo que quiere oír, pero que hipotecan a sus equipos adquiriendo compromisos que son difíciles o incluso imposibles de adquirir.

¿Conoces algún jefe “andarín”? Cuéntanos tu historia.

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