Competencias de liderazgo

Vivimos en un periodo de la historia en el que asumir los riesgos del liderazgo se ha convertido en un elemento fundamental para el éxito pero, paralelamente, en un reto mucho más complicado que hace tiempo. Las palabras y frases de moda que escuchamos hoy día de nuestros jefes tales como “crisis”, “cambios”, “tiempos de incertidumbre”, “hay que reinventarse”, “tenemos que poner todos de nuestra parte”, “lo que cuentan son los resultados”, “ahora hay que hacer un esfuerzo que se compensará”; provocan en la mayoría de nosotros el pensamiento de que, continuamente, nos están pidiendo o exigiendo salir de nuestra zona de confort sin recibir nada a cambio. Este tipo de jefes careces de las competencias de liderazgo necesarias para gestionar de manera eficiente los equipos de profesionales del siglo XXI.

Y es que vivimos en un momento en el que conviven en las empresas diferentes generaciones (Baby-Boomers, Generación X, Generación Y) con distintas formas de actuar y de pensar, y con inquietudes y motivaciones muy diferentes.

Por otro lado, el entorno en el que tienen que desenvolverse las organizaciones, es el de una economía global, una sociedad compleja, difícil de manejar, de predecir, llena de contradicciones y de incertidumbres. Todo ello, agudizado en los últimos años con el inicio de la crisis bancaria, que tuvo su punto culminante con la quiebra de Lehman Brothers, y que ha provocado un efecto tsunami, con oleadas cuyo epicentro se produjo en diferentes lugares del mundo y que, en un plazo más o menos corto las empresas y las economías domésticas españolas sufrieron (y la mayoría siguen sufriendo) sus latigazos. Por ejemplo, el conflicto que se vive en Ucrania desde marzo de 2014, ha provocado una crisis diplomática internacional y puesto en peligro el suministro de gas para gran parte de Europa Occidental.

A todos los puntos anteriores le añadimos la necesidad por parte de las empresas de lograr resultados a corto plazo, que obliga a las organizaciones a que las estructuras jerárquicas, con roles claramente definidos, cedieran paso a las organizaciones más horizontales con una mayor flexibilidad y espacio para la iniciativa y la incertidumbre.

En definitiva, nos enfrentamos a un mundo sin certezas, en el que esperamos continuamente nuevos referentes y guías para movernos ante tanto cambio, tan veloz y tan discontinuo y en la que los directivos de las empresas deben desarrollar nuevas competencias de liderazgo que en otra época se consideraban en segundo plano.

Entonces la pregunta que me hago es ¿Cuáles son las competencias de liderazgo que deben tener las personas que gestionan equipos ante este entorno que nos rodea? En mi opinión hay tres básicas:

  • Que sea motivador, es decir, una fuente generadora de motivación y compromiso con el reto del equipo.
  • Que sea desarrollador, es decir, generando empowerment, promoviendo la participación y la generación de ideas por parte de todos los componentes del grupo…
  • Y por supuesto orientado al logro, es decir, hacer que todo el mundo se implique en conseguir los objetivos y hacer a todos partícipes del éxito cuando se logran.

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